No hay actividad más mágica que leer un libro. En el colegio, en el taxi, en el baño, en los breaks del trabajo y en la comodidad de tu cama, es inevitable sentir página a página que el libro te tiene en sus manos (más que tú a él). Aunque estén manchados, apolillados, rotos y hasta con alguna hoja desaparecida; los compramos y guardamos con un cariño único. Con la nostalgia del amigo que siempre estará ahí. Pero parece que muy pronto tendremos que ir olvidándonos de la importancia que guardan nuestras más preciadas colecciones y aquellos que consideramos nuestros best sellers de estantería. Google, el buscador de internet más visitado del mundo, tiene como proyecto lanzar al mundo el programa Google Books, con el que pretende digitalizar innumerables obras para su divulgación on-line.
En el 2004, la empresa realizó una serie de contratos con algunas de las más grandes bibliotecas públicas del mundo, comprometiéndose a escanear y digitalizar los libros gratuitamente, y a devolverle a cada biblioteca una copia digital de su archivo. Un año más tarde, un gremio de autores y editores americanos demandaron a Google por copiar material (fragmentos, no libros enteros) bajo derechos de autor y ofrecerlos en línea.
Sin embargo, posteriormente dicho gremio –asegurando su bolsillo- pasó del debate a las reglas del juego, planteando políticas para negociar en el futuro con la empresa. Es decir, que los más afectados le estarían dando luz verde a Google para crear un nuevo sistema legal– y quizá el único- de derechos de autor.
Las estrategias de Google son claramente de poder y liderazgo ante la competencia. Pero más allá de su ambición por conseguir el monopolio, estaría dándole el golpe más duro de la historia a la literatura. No solo por la disminución de las ventas, sino por la pérdida –al igual que sucedió con la música- de su carácter humano. Adiós a las visitas a bibliotecas, ferias de libro, editores, escritores, y hasta la vil rival piratería. Una nueva generación de lectores se asoma ante las pantallas del computador. Es un hecho. Sin embargo, será difícil (espero) arrebatarnos la cursi melancolía por un libro. Todo está por verse.

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