Sé que muchos tenemos el sueño o al menos las intenciones de tener un negocio algún día, una entradita, algo que de viejo te mantenga. Pero, para aquellos que están por aventurarse en el mercado de estos días, ¿les conviene? Con todas las predicciones –quien sabe de Nostradamus- que venimos escuchando desde fines del año pasado, no quisiera estar en sus zapatos.Con dinero nadie se juega, ya suficiente estrés se tiene con haber conseguido el famoso capital. Para estar tranquilos con nuestra inversión y lograr el éxito se necesita ser diferente a los demás, único y original. Y si sé que mi producto o servicio es bueno, si ya me pase trasnochadoras horas haciendo estudios de mercado, si mis focus group fueron alentadores, ¿será esta mi oportunidad? ¿Me lanzo o no?
Con la palabra recesión retumbando en nuestro subconsciente el abismo podría ser grande. Por más que se jure y perjure que en el país la crisis llega con efecto retardado, existe en todos el miedo al fracaso. Por ahí, los TLC pueden ser una ventaja, pero también tendríamos que estar preparados para una gran competencia y demanda.
La incertidumbre en estos días se respira en el aire, pero como dicen los libros de autoayuda empresarial: el único fracaso es el de nunca haber intentado nada. Confianza y paciencia, que somos peruanos y nos las ingeniamos como sea para salir adelante. Por último, si tenemos una emergencia, recurrimos al Cuy Mágico.
Nadie siembra y al siguiente día cosecha, tenemos que dejar que el negocio crezca, y eso toma tiempo. Mucho tiempo. Mi único consejo –y lección para cuando me toque- sería no arriesgar mucho en un inicio, es decir, no tirarse todo el dinero a la primera. Por más emocionados y seguros que estemos, créanme que al principio los únicos que visitarán nuestro local serán nuestros padres y amigos. A mal tiempo buena cara, ahora más que nunca funcionará.

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