La semana pasada fue la semana de las tragedias. En Coracora (Ayacucho), decenas de alumnos y sus profesores cruzaban un puente colgante de regreso a casa, cuando este les impidió continuar su rutinario viaje dejándolos caer 15 metros hacia abajo. A causa de la longevidad del puente, siete escolares y dos maestros fallecieron.Al día siguiente (miércoles 15 de abril), en el kilómetro 165 de la Panamericana Sur, un bus interprovincial chocó con la parte trasera de un camión-cisterna que llevaba galones de GLP. Tras el impacto, el interior del bus era una cámara de gas que en instantes se convirtió en un infierno. Solo ocho sobrevivieron, aunque con contusiones, golpes y quemaduras leves.
Mientras tanto en la región, el viernes pasado a las 7:30 a.m., un huaico sorprendió a los pobladores de Chamanacucho (provincia de Sánchez Carrión), despertándolos a la fuerza. El lodo -que no dejaba de caer pasadas tres horas- se tragó a 35 vidas, de las cuales se conoce que tres han muerto, y el resto permanece como no identificado bajo el barro.
Quizá las desgracias inesperadas o aquellas que son producto de la naturaleza, no las podemos prevenir, pero aquellas que reflejan la imprudencia y el descuido de las personas sí, como es el caso de los accidentes de tránsito. Entre el 2001 y el 2008, aproximadamente 25 mil personas han muerto en el Perú por esta causa. En lo que va del año, ya se han registrado 140 muertes, solo en la capital, y tres de cada cuatro de estas muertes son por atropello, el restante ocurre por un choque. La principal razón: las metidas de pata al acelerador.
Según el MTC, la sobrepoblación de vehículos en la carretera, que incita a que avezados conductores intenten adelantar a su compañero, es una de las principales causas de estos accidentes. También están la falta de conocimiento de las reglas de tránsito y las normas que regulan el transporte. En relación a esta última, los informales buses interprovinciales tienen sus propias reglas: prestan un servicio deficiente, algunos están a punto de expirar, otros ni tienen SOAT, sus conductores no descansan, recogen pasajeros en ruta exponiéndose a asaltos, etc.
Ante esta alerta, muchos han sido partidarios de convocar al congreso a que acelere la aprobación de la creación de una superintendencia nacional de transporte terrestre –proyecto que se presentó el año pasado- que permita ejercer un mayor control del país. Este se encargaría de supervisar el transporte terrestre de pasajeros y de carga, así como los terminales terrestres; y la cobranza de las multas. Además, el MTC propone un monitoreo satelital de vehículos y la instalación de tacógrafos en estos. Bienvenidos sean.

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