Hace un par de años, la expresión de la moda en nuestra ciudad era demasiado limitada y distante. Las pocas galerías y tiendas de ropa streetwear trataban de actualizar sus vitrinas con tendencias traídas de Lima o –con suerte- del extranjero. Por otra parte, diseñadores locales inauguraban propuestas en uno que otro desfile; pero el interés y la demanda del mercado advertía mucho más. Con la llegada de los grandes centros comerciales, se pudo extender la paleta de marcas nacionales e internacionales, se diversificaron los estilos, se multiplicaron las opciones de compra y ahora, la pasarela la encontramos en la calle.Nuestra visión de la moda y nuestro comportamiento ha cambiado. Si antes visitábamos el Shopping Center o El Virrey cada que nos hacía falta una prenda, ahora nuestras compras no se atienen estrictamente a una necesidad. A mayor oferta, crece el gusto por lo nuevo –sea caro o barato- y por la variedad en nuestro armario. Nos tientan colores, diseños, texturas y accesorios chic a diario; ya sea en vitrina o por anuncios.
Pese a que ahora encontramos a muchos seguidores de los maniquís, no podemos hablar aún –en un sentido estricto- de vivir al día con la moda. Trujillo es la segunda ciudad después de Lima, en ser mercado receptor de marcas importantes y generador de estilos; pero no olvidemos que como ciudades de un país latinoamericano, están atentas a las influencias del extranjero. Europa y América del Norte son los grandes delivery’s de tendencias para el mundo. Ahí encontramos a grandes emporios como Chanel, Dolce &Gabbana, Dior, Ralph Lauren, Donna Karan (DKNY), Calvin Klein, entre muchos más; que marcan las pautas para cada temporada.
Debido a que vivimos en estaciones opuestas a estos continentes (mientras ellos están en invierno, nosotros en verano por ejemplo), lo que se estrena en enero-febrero para la temporada de invierno en Milán, París o New York; nosotros lo recibimos –solo de ciertas marcas y directamente a Lima- a partir de setiembre-octubre, con suerte un poco antes. Además, usar lo que está en boga implica un presupuesto extra a nuestro bolsillo, sobre todo si son marcas de renombre internacional como Polo, Lacoste y Adolfo Dominguez, en Lima; y Benetton, Tommy Hilfiger y Mango en Trujillo. “Para estar a la moda se supone que vas a tener que invertir para una temporada y luego eso ya no va a ser útil. Tal vez en los zapatos o en algún accesorio, sí se pueda marcar mejor. Usualmente se invierte en lo más clásico, en lo que pueda durar”, añade Isa Torres, diseñadora local.
En el mayor de los casos, nunca se nos podrá escapar un must-have en nuestro closet, pero difícilmente podremos remudar continuamente de vestuario; en una ciudad donde aún no hemos llegado al extremo del consumismo. Aquí entra a tallar otro elemento muy importante: la típica timidez del trujillano conservador. Resulta temerario para la gran mayoría de la población, usar lo más trendy de un escaparate, el común denominador no tiene esa personalidad agresiva y camaleónica para adoptar nuevos estilos de manera natural. “Si una chica va a una fiesta con un vestido lindo, muchas personas recién se dan cuenta que también pueden atreverse a llevar algo diferente. No somos tan osados como en Lima”, afirma Viviana López, diseñadora de Boutique El Amor. Normalmente rescatamos algunos detalles de la moda para trasladarlos a nuestra vestimenta, pero no –todos- somos capaces de vestir al pie de la letra de acuerdo a las pautas que te dicta la moda europea o americana.
Entre tijeras, agujas y dedales
El mercado de moda en Trujillo ha crecido notablemente. No solo por la mayor oferta de prendas en los malls, sino también por la variada carta de creativos locales. Ahora encontramos a muchos talentosos diseñadores que desarrollan un trabajo interesante e innovador. Entre ellos encontramos a Cecilia Vásquez, Martha Roncal, Viviana López, Roxana Gayoso, Walter Fernando Zegarra, e Isa Torres. Cada uno marca un estilo distinto: hay quienes son más sofisticados, extravagantes, clásicos, audaces en propuestas, etc.
Para crear una colección, un diseñador puede inspirarse en muchos temas: la naturaleza, el urbanismo, una época, etc.; y nuestra ciudad no se queda atrás. “Particularmente, Trujillo no solamente está enriquecido por el tema de la marinera, sino también por la primavera y el ande. Como región somos privilegiados en tener costa, sierra y selva; que con su colorido, sus valles, el atuendo de sus pobladores, te dan una inspiración”, señala Isa Torres, quien recientemente mostró en pasarela una colección con aires del ande liberteño.
Pese a que la moda se ha ampliado mucho, desde la existencia de tiendas como Boutique Marcela y Modimax, que seguro nuestras abuelas recuerdan; nada ha sido suficiente hasta ahora para implantar una escuela de diseño de modas. El mercado y la gente joven demanda mayor cultura al respecto, pero para los que sueñan con ser los próximos Giorgio Armani, su suerte se encuentra en la capital. Un diseñador no está completo si no estudia la costura, y por el momento, no podemos ofrecer esa opción. “Definitivamente si la hubiera va a exigir presupuestos altos porque obviamente tienes que tener a profesionales de otros lugares. En ese aspecto, Lima nos lleva mucha ventaja y aún tiene centralizado la formación de profesionales en diseño y alta costura” asegura Isa Torres.
El efecto stiletto
Trujillo es considerado por muchos como la cuna de la belleza peruana, gracias a la corona que nos trajo Maju Mantilla, y las de sus discípulas Silvia Cornejo y Karol Castillo. Con los ojos del país puestos en nuestras liberteñas, se expandió el pequeño círculo de concursantes de belleza y modelos.
La demanda de adolescentes con sueños de ser las Heidi Klum del norte es grande. En la Escuela de Modelaje de Isa Torres –la única en la ciudad- enseñan a niñas desde los 7 hasta los 18 años. Llevan cursos de modelaje básico, intermedio y avanzado; además de aprender sobre etiqueta social, maquillaje, expresión corporal y el arte de vestirse bien. La carrera dura 8 meses; pero no solo forman a modelos, sino también a reinas de belleza y anfitrionas. “Si quieres modelar de manera profesional tienes que ir ahí”, comenta Alexia de la Peña, modelo del staff de Isa Torres y profesora de la Escuela de Modelaje de Isa.
La actitud es lo más importante. Una cara bonita o un buen caminar en la pasarela no garantizan una buena modelo. La vergüenza, los resfriados y los problemas personales se olvidan en la pasarela, y quien pueda hacerlo, se hará notar entre las demás. Otro aspecto importante son las medidas. La altura se toma en cuenta a partir del 1.70m. , y el peso depende de esta talla. Hasta ahora no se han conocido casos de anorexia entre nuestras modelos, pero sí se atienen a ciertas dietas para que las agencias las puedan seguir llamando.
Actualmente Trujillo cuenta con un número aproximado de 20 modelos profesionales, quienes se ven forzadas por motivos económicos a viajar a Lima, donde no solo hay más competencia, sino más eventos. Aunque en nuestra ciudad se han incrementado los desfiles a diferencia de 5 años atrás, aún falta motivar más este negocio. “La motivación radica en la competencia. Si alguien realiza un desfile con una propuesta de colección, motiva a seguir creciendo y que otros intenten hacer lo mismo. La idea es que se haga cada vez mejor, porque solo así podemos garantizar también tener un público exigente y más exquisito en el gusto”, propone Isa Torres.
La pasarela latinoamericana es muy diferente a la europea. En este lado del mundo, se apuesta por la alegría, el coqueteo y la amabilidad con el público. “En la europea las modelos desfilan con una cara como si fueran maniquíes y ni siquiera sonríen, en cambio acá las modelos tienen que alegrar al público”, afirma Alexia de la Peña.
Las fuentes
La publicidad y la televisión han logrado crear un conocimiento y un gusto por la moda nacional e internacional. El consumo de revistas (sobre todo) como Cosas, Hola, Glamour y la destacada Vogue; amplían la visión de cualquier lector con musas tan sofisticadas pero a la vez imitables, que visten prendas de emporios deseables e inalcanzables, pero de las cuales no tenemos nada que envidiar con las nuevas propuestas y creaciones peruanas.
En base al aprendizaje, los clientes se han vuelto cada vez más exigentes y buscan con detalle la armonía en la combinación de prendas. Como principal característica de compra prefieren la comodidad, luego el estilo, la exclusividad, y en menor medida el precio y la marca.
Así, vemos como la manera de concebir el vestir se ha vuelto más dinámica, sin dejar de perder el gusto por lo clásico. La gente está más predispuesta a nuevas tendencias y muchos invierten permanentemente en algún detalle para tener un toque de moda, renovándose tan fácilmente.

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