05/06/2008

Madres coraje

‘Nada es fácil en la vida’, nos dicen nuestras madres cuando a veces nos quejamos de algo, y quien más que ellas saben todo lo que se sufre para salir adelante. Pero lo saben aún más, aquellas mujeres que encontramos en la periferia de nuestra ciudad, las que vemos pasar por las ventanas de los micros, las que con mucho esfuerzo llevan a sus hijos al colegio, las que madrugan porque esperan que Dios las ayude ese día, las que no tienen vergüenza decir que trabajan en un mercado, las que temen a una mesa vacía, las que a pesar de todas sus circunstancias, se levantan a diario a seguir luchando.

A finales de los ochenta, el Perú recibía los primeros golpes al bolsillo del primer gobierno de Alan García y en las zonas más populosas de Trujillo, mujeres vecinas se organizaban para salvaguardarse ante la creciente crisis. En 1990 se fundó en Vista Alegre el Club de Madres “El Buen Pastor”, que en un inicio albergó a 92 socias y ahora pasados 18 años, de ese buen número solo quedan 30. Según aseguran estas madres, son como una gran familia y todas conocen sus historias. Sentadas tres de ellas en un salón de sillas apiladas y algunas mesas, con el corazón sincero y muy desinhibidas empiezan a contar su historia.

La infancia de Lucy Ureña (51, Trujillo) fue muy solitaria. Tras la separación –y el abandono- de sus padres, se muda con su abuela y con un tío a vivir, quienes le solventaron todos sus gastos. Un eccema aparece en su pierna, y la hace sentir objeto de rechazo de algunos de sus compañeros de colegio. Curada de esta dermatitis, continúa su vida sin vergüenza. A los 16 años salió embarazada de su primo, con el que se casó a los 18 y tuvieron dos hijos a lo largo de su relación, hasta que este la abandonó. Afortunadamente, su tío la apoyaba en el aspecto económico y gracias a él pudo educar a sus pequeños. Pasados un par de años, conoce a su segundo esposo, con el que tendría cuatro hijos más. A pesar de sus expectativas, su pareja no la apoyaba mucho con la educación de sus hijos, además, la maltrataba físicamente y por su carácter machista, la quería tener encerrada en casa. Fue en esos años que se unió al Club de Madres y, según afirma, ahí aprendió a conocer cuáles eran sus valores y derechos como mujer, originando un cambio interno en ella y un poder de decisión que dejaría boquiabierto a su marido. Lo primero que hizo fue colocarse una T de cobre y luego salió de la ciudad a buscar trabajo. Con lo que ganó pudo pagar la educación superior de todos sus hijos y el sepelio de su tío, que por ese entonces había fallecido. “Ahora creo que en mi casa hay equidad, la violencia se ha desterrado”. “Su marido ha cambiado radicalmente” comentan todas, y Lucy se encuentra viviendo tranquila, las lágrimas que cayeron hace un momento cambiaron por una tímida sonrisa.

“Cuando uno quiere salir adelante no hay obstáculos”, comenta Inés Vilca (62, Trujillo). Huérfana de madre, quedó en poder de su abuela quien la formó. Estudió en un internado de primero a tercero de secundaria, y ahí fue donde nació su don de ayudar. Fortaleció sus valores y su educación, y por su buen proceder se ganó la confianza de la directiva del colegio, tanto así que en vacaciones mientras la directora viajaba, ella se encargaba de la administración de los gastos. Se fue a vivir a Lima y el enamorado que tenía en ese entonces, la contactó y le pidió la mano. Sus cinco hermanos la obligaron a casarse y ella se oponía porque quería seguir estudiando y volverse una profesional. Ella tenía 17 años y él 19 cuando se casaron por civil y religioso; con él tuvo sus tres primeras hijas. “Él era bueno pero demasiado mujeriego” dice Inés, y por esa razón a los 5 años se separan. Pasado un tiempo conoció a su segunda pareja, con quien tuvo cuatro hijos. Él no la apoyaba mucho económicamente, se bastaba con darle para comer, y ella al ver crecidos a sus hijos sabía que tenían otras necesidades. “Nunca sufrí violencia, nunca sufrí maltrato, pero sí la presión del machismo”. A pesar –también- del autoritarismo de su esposo, salió a buscar trabajo por el bienestar de sus hijos. Ahora, seis de los siete son profesionales. Decidió separarse porque su pareja no quería apoyarla con los estudios superiores de su último hijo. “La bondad no es todo. En una persona lo rescatable es su espíritu de salir adelante, de no ser conformista”, afirma Inés.

Rosa María Rosales (45, Moche) se casó en 1982 a los 19 años con su pareja de 23. Tuvo que verse forzada a trabajar para ayudar en casa a mantener a sus hijos durante la etapa de inflación. Inició un negocio de menús, que comenzó en la entrada de su pequeña casa y terminó en un terreno más espacioso, trabajó en el mercado y realizaba cualquier “cachuelo” con tal de cubrir las necesidades del hogar. Mientras tanto, su esposo trabajaba en Pacasmayo y esto trajo consigo problemas de infidelidad. Rosa María confiaba tanto en su esposo que le costó creer que la engañaba, aún con todo lo perdonó, pero luego este regresaba a las andadas. Todo cambió cuando él regresó a Trujillo a trabajar, ella se sentía más tranquila, aunque por dentro hervía el resentimiento. Las fuertes peleas sobrevinieron, tanto así que la pequeña de sus hijas salió afectada sicológicamente tras observar discretamente cómo en una discusión las palabras terminaron en golpes. Él dejó de poner interés en el progreso del hogar y ella tenía que hacer doble esfuerzo. En una oportunidad Rosa María mandó a la bodega a su esposo, este le gritó que no iba a obedecerle y –como un grito del desahogo- ella le lanzó un cuchillo. Afortunadamente el filudo elemento solo lo rozó, sin embargo a Rosa María la consumía la culpa. Ambos se perdonaron y desde aquel incidente su relación se ha fortalecido.

Recibir golpes hiere, sacarse la venda tarda, llorar y lamentarse cansa, pasar la página cuesta, pero levantarse, es demostrar que no existe temor al dolor. Las tres amigas pueden haber sido madres a temprana edad, mujeres con escasos recursos, dueñas de hogares populosos, socias de un club, pero lo que más comparten es su carácter emprendedor.

3 comentarios:

Gabriel dijo...

Hola Raquel, muy interesante, muchas felicidades. Veo que eres estudiante de Ciencias de la Comunicación. Yo soy Lic. en Ciencias de la Comunicación aquí en la Ciudad de México. Tengo un blog que se llama EquisY: Los ejes de la información.

Te mando un saludo y felicidades nuevamente.

Gonzalo Del Rosario dijo...

tienes razón

juan_tucuman dijo...

Creo que me enamoré... muy linda foto