
La madre de la vida es la historia. Esta se caracteriza por sus hechos, y estos últimos por sus personajes. Documentos, libros, fotos, videos y anécdotas nos recuerdan quién fue el primer hombre en llegar a la Luna, qué pintor holandés se cortó una oreja, que personaje melenudo es símbolo del reagge y hasta quién mandó a callar hace poco al imperioso Chávez. Pero no solo los grandes forman parte de la historia; hay una lista de pequeños simpáticos que también han dado que hablar.
En el mundo del séptimo arte, encontramos varios infantes que gracias a sus interpretaciones, han hecho que sus películas formen parte de nuestra colección. A vísperas de esta navidad, canales nacionales nos harán reír de nuevo con la saga “Mi pobre angelito” del travieso Kevin McAllister, quién por descuidado no llega a bordar el avión junto a su familia y pasa la Navidad solo en casa, cuidando el domicilio (y cuidándose) de dos torpes malhechores quienes “pagarán pato” por haberse metido con él. Gracias a estos films y a “Ricky Ricón,” su protagonista Macaulay Culkin se hizo conocido. En el 2001, una pequeña Dakota Fanning nos hizo llorar con “I am Sam”, drama de un padre deficiente mental que deberá luchar en los tribunales para conservar la custodia de su pequeña hija –interpretada por Dakota- ya que el Estado considera que no está capacitado para hacerse cargo de su educación. Posteriormente hemos visto a la pequeña rubia en “La guerra de los mundos” y “Sweet home Alabama”, entre otras; forma parte de los nuevos valores de Hollywood.
A pesar de la ternura que los pequeños contagian, hoy en día ellos se han convertido en el elemento básico de las más exitosas y escalofriantes producciones de terror. Sino, recordemos a Linda Blair flotando endemoniada en “El exorcista”, a Dakota hablando a solas con su amigo imaginario en “El escondite” o a Haley Joel Osment pronunciando en “El sexto sentido” la reconocida línea “Veo gente muerta” (“I see dead people”); ahora parte de la colección de frases famosas del cine. Si bien las películas de terror se dirigen a públicos no infantiles, suelen ocuparse de revivir todos esos temores de la niñez: como el miedo a los fantasmas, la oscuridad, lo desconocido y la incomprensión de la muerte; y es allí donde reconocidas figuritas entran en acción para ponernos los pelos de punta.
De la televisión podemos rescatar también personajes cuyos programas aún se repiten en algunas cadenas a nivel mundial. Un ejemplo claro es “El Chavo del Ocho”, cuyo personaje principal el “Chavo” (Roberto Gómez Bolaños) se ganó el corazón de los grandes y pequeños de la casa. El programa, que fue doblado a varios idiomas para su transmisión a nivel mundial, cuenta la historia de un niño huérfano de 8 años que llega a instalarse en el barril de una vecindad, y las ocurrencias que vive en ella junto a sus vecinos. Frases como: “Bueno pero no se enoje”, “se me chispoteó” o “fue sin querer queriendo”, han quedado grabadas en nuestra memoria. Continuando con las producciones mexicanas, “Carrusel” fue una novela que nos conmovió no solo por los inocentes comentarios de los niños, sino por el idilio entre Cirilo, un simpático niño de color, y María Joaquina, la niña rica de la escuela que lo rechaza constantemente. Los alumnitos de la cariñosa maestra Jimena: María Joaquina, Jaime Palillo, Cirilo, Pablo, Marcelina, Kokimoto, entre otros; reflejan los estereotipos de los niños de las diferentes clases socioeconómicas. Pero más allá de las diferencias, todos nos envuelven en divertidas aventuras y juegos infantiles. A esta novela, le siguieron otras con similar argumento como “Carrusel de las Américas” y “Vivan los niños”, que pese a la imitación, no consiguieron el éxito de la producción original.
Otra serie que hizo historia en base a vivencias infantiles fue “Tres por Tres” (“Full House”), la conocida serie americana acerca de tres hombres que viven junto a tres niñas, hijas de Danny Tanner (Bob Saget). Tras la muerte de la esposa de Danny, ellos aprenderán a ser padres a costa de inseguridades y ocurrencias de las niñas. En este periodo de los ochenta a los noventa, una robótica Vicky también se dio a conocer en graciosos episodios de la serie “La pequeña maravilla” (“Small Wonder”). Hasta un “chiquito mazamorrero” tuvo sus minutos de fama, gracias a un contagioso comercial de mazamorra Negrita.
En el mundo de la música también hemos visto crecer a pequeñas estrellas que ahora, tras numerosos cambios de imagen y personalidad, continúan siendo tema de portada. En Latinoamérica encontramos a la cosmopolita Shakira, quien empezó su carrera a los 8 años; Ricky Martin, destacado entre el quinteto de Menudo; Paulina Rubio, proveniente del grupo juvenil Timbiriche; la mexicana Thalía integrante también de Timbiriche; Luis Miguel, Salserín, entre otros. Por el lado anglosajón, salidos del Club de Mickey Mouse, tenemos a la controversial Britney Spears, su ex –rival Chistina Aguilera, Jessica Simpson, Justin Timberlake y JC Chasez, ambos miembros del desintegrado grupo pop de los noventa N’sync; entre otros de diferente origen.
Por otro lado, no todos los personajes fueron de carne y hueso, no podemos olvidar a los dibujos animados, aquellos que recordamos ya sea por su trama, sus personajes, o por su jingle. No hay quien no goce con las travesuras de Bart Simpson, aquel muchacho amarillo que hace de las suyas junto a su amigo Milhouse y puede desatar una guerra con una llamada telefónica. “Yo no fui, nadie me vio y no hay quien pueda demostrarlo” es su manera de pensar. Es seguidor acérrimo de los programas del payaso Krusty y siempre termina escribiendo en la pizarra lo que no debe hacer. Producciones japonesas de los setenta dieron a luz a ánimes cargados de drama, compasión y ternura. “Candy” fue uno de ellos. La niña huérfana abandonada en el Hogar de Pony, se cría junto a los demás niños del Hogar y posteriormente es adoptada por la familia Andrew. La eterna enamorada, vive travesuras y penas junto a su gracioso coatí Klin. Finalmente, ¿quién no ha pecado de masoquista viendo una y otra vez el capítulo en que Marco encuentra a su madre luego de una largísima travesía? Su solo jingle ya nos denota la desesperación de un niño que pierde a su madre tras la inmigración italiana hacia Argentina. Junto a su pequeño mono Amelio, este chiquitín dejo huella en nuestra infancia. Otras programas como “Heidi”, “Mi familia es un dibujo” y “Rugrats”; tuvieron también éxito al presentar niños como protagonistas.
Aquellos personajes de ficción, son a menudo rescatados de obras literarias. En la literatura, encontramos también cuentos en los cuales son los críos quienes nos entretienen a través de las páginas. Así encontramos a “El Principito”, obra de Antoine de Saint-Exupéry, en donde se tratan temas tan profundos como el sentido de la vida, la amistad y el amor. Otras obras de temática social son: “El tambor de hojalata” de Gunter Grass, drama que narra la vida de un joven infante que toca el bombo para combatir su desesperación y cólera durante el ascenso del tercer Reich; y “Un mundo para Julius” del peruano Alfredo Bryce Echenique, obra que presenta la historia de Julius, un niño perteneciente a una elitista familia limeña de clase alta y que lucha por entender los comportamientos de los mayores snob, mientras junto a su hermana Cinthia conviven con la servidumbre de su hogar y se encariña con ellos. Otras obras con tramas infantiles son: "País de Jauja" de Edgardo Rivera Martínez, "Los ríos profundos" de José María Arguedas, "Ximena de dos caminos" de Laura Riesco, "Bajo las ruedas" de Herman Hesse, "Oliver Twist" de Charles Dickens, "Las aventuras de Tom Sawyer" de Mark Tawwin, y algunos cuentos de Abraham Valdelomar.
Un libro que no juega con la ficción y aportó datos relevantes para la historia fue “El Diario de Anne Frank”. Esta niña judía alemana permaneció escondida de los nazis en un edificio de oficinas en Ámsterdam (Holanda) durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces empieza a escribir en un diario todo lo que su pequeña cabecita pensaba: su relación con las personas con las que estaba enclaustrada, sus miedos, sus sueños, los tratos de los alemanes, etc. Tras más de dos años de vivir encerrada junto a ocho personas más en aquella guarida, la Gestapo los encontró y trasladó a un campo de concentración en Auschwitz. Los miembros de la familia no tardarían en morir –incluida Anne que falleció de fiebre tifoidea- salvo su padre Otto, quien logró escaparse de los campos de concentración y mediante un amigo que le devolvió el diario de su hija, se encargaría posteriormente de editarlo y publicarlo.
Hay ocasiones en que pequeñas criaturas han sido víctimas de un lente, o de la prensa, y por sus historias han trascendido fronteras. Como el caso de Elián González, sobreviviente de un naufragio en el Estrecho de la Florida, cuando su madre –que falleció en el trágico episodio- trataba de sacarlo ilegalmente de Cuba para ser criado en otro país. Otro caso fue la pesadilla que vivió Omaria Sanchez, una niña de 13 años que tras la avalancha de Armero en Colombia, corrió por su vida y sin querer, fue a caer a una alcantarilla llena de materiales de construcción y cadáveres, pasando ahí las 60 últimas horas de su vida, ya que pese al esfuerzo de socorristas no encontraron manera de sacarla. Atrapada sin salida, la prensa pudo captar la más honesta mirada de resignación y ternura, antes de ser devorada por las aguas. Un suceso parecido y no menos espeluznante fue la foto ganadora de los premios Pulitzer al periodismo en 1994. Un fotógrafo profesional capturó en Sudán la famosa imagen de una niña famélica africana con nariz en el polvo y a su costado un buitre como si estuviera acechándola, como símbolo de la muerte. Años más tarde, habiendo sido premiado y reconocido, el fotógrafo se suicidó.
Lastima que se termine esta crónica con recuerdos tan crudos de la niñez, pero ni siquiera ellos pueden salvarse de las tragedias que alrededor del globo se viven. Ya quisiéramos todos que no fuera así. Mientras tanto gocemos de ellos, de los que nos divierten en la tele, de los que nos sacan canas en casa, quienes nos arrancan una sonrisa por la calle con cada ocurrencia, o del niño que llevamos dentro.
En el mundo del séptimo arte, encontramos varios infantes que gracias a sus interpretaciones, han hecho que sus películas formen parte de nuestra colección. A vísperas de esta navidad, canales nacionales nos harán reír de nuevo con la saga “Mi pobre angelito” del travieso Kevin McAllister, quién por descuidado no llega a bordar el avión junto a su familia y pasa la Navidad solo en casa, cuidando el domicilio (y cuidándose) de dos torpes malhechores quienes “pagarán pato” por haberse metido con él. Gracias a estos films y a “Ricky Ricón,” su protagonista Macaulay Culkin se hizo conocido. En el 2001, una pequeña Dakota Fanning nos hizo llorar con “I am Sam”, drama de un padre deficiente mental que deberá luchar en los tribunales para conservar la custodia de su pequeña hija –interpretada por Dakota- ya que el Estado considera que no está capacitado para hacerse cargo de su educación. Posteriormente hemos visto a la pequeña rubia en “La guerra de los mundos” y “Sweet home Alabama”, entre otras; forma parte de los nuevos valores de Hollywood.
A pesar de la ternura que los pequeños contagian, hoy en día ellos se han convertido en el elemento básico de las más exitosas y escalofriantes producciones de terror. Sino, recordemos a Linda Blair flotando endemoniada en “El exorcista”, a Dakota hablando a solas con su amigo imaginario en “El escondite” o a Haley Joel Osment pronunciando en “El sexto sentido” la reconocida línea “Veo gente muerta” (“I see dead people”); ahora parte de la colección de frases famosas del cine. Si bien las películas de terror se dirigen a públicos no infantiles, suelen ocuparse de revivir todos esos temores de la niñez: como el miedo a los fantasmas, la oscuridad, lo desconocido y la incomprensión de la muerte; y es allí donde reconocidas figuritas entran en acción para ponernos los pelos de punta.
De la televisión podemos rescatar también personajes cuyos programas aún se repiten en algunas cadenas a nivel mundial. Un ejemplo claro es “El Chavo del Ocho”, cuyo personaje principal el “Chavo” (Roberto Gómez Bolaños) se ganó el corazón de los grandes y pequeños de la casa. El programa, que fue doblado a varios idiomas para su transmisión a nivel mundial, cuenta la historia de un niño huérfano de 8 años que llega a instalarse en el barril de una vecindad, y las ocurrencias que vive en ella junto a sus vecinos. Frases como: “Bueno pero no se enoje”, “se me chispoteó” o “fue sin querer queriendo”, han quedado grabadas en nuestra memoria. Continuando con las producciones mexicanas, “Carrusel” fue una novela que nos conmovió no solo por los inocentes comentarios de los niños, sino por el idilio entre Cirilo, un simpático niño de color, y María Joaquina, la niña rica de la escuela que lo rechaza constantemente. Los alumnitos de la cariñosa maestra Jimena: María Joaquina, Jaime Palillo, Cirilo, Pablo, Marcelina, Kokimoto, entre otros; reflejan los estereotipos de los niños de las diferentes clases socioeconómicas. Pero más allá de las diferencias, todos nos envuelven en divertidas aventuras y juegos infantiles. A esta novela, le siguieron otras con similar argumento como “Carrusel de las Américas” y “Vivan los niños”, que pese a la imitación, no consiguieron el éxito de la producción original.
Otra serie que hizo historia en base a vivencias infantiles fue “Tres por Tres” (“Full House”), la conocida serie americana acerca de tres hombres que viven junto a tres niñas, hijas de Danny Tanner (Bob Saget). Tras la muerte de la esposa de Danny, ellos aprenderán a ser padres a costa de inseguridades y ocurrencias de las niñas. En este periodo de los ochenta a los noventa, una robótica Vicky también se dio a conocer en graciosos episodios de la serie “La pequeña maravilla” (“Small Wonder”). Hasta un “chiquito mazamorrero” tuvo sus minutos de fama, gracias a un contagioso comercial de mazamorra Negrita.
En el mundo de la música también hemos visto crecer a pequeñas estrellas que ahora, tras numerosos cambios de imagen y personalidad, continúan siendo tema de portada. En Latinoamérica encontramos a la cosmopolita Shakira, quien empezó su carrera a los 8 años; Ricky Martin, destacado entre el quinteto de Menudo; Paulina Rubio, proveniente del grupo juvenil Timbiriche; la mexicana Thalía integrante también de Timbiriche; Luis Miguel, Salserín, entre otros. Por el lado anglosajón, salidos del Club de Mickey Mouse, tenemos a la controversial Britney Spears, su ex –rival Chistina Aguilera, Jessica Simpson, Justin Timberlake y JC Chasez, ambos miembros del desintegrado grupo pop de los noventa N’sync; entre otros de diferente origen.
Por otro lado, no todos los personajes fueron de carne y hueso, no podemos olvidar a los dibujos animados, aquellos que recordamos ya sea por su trama, sus personajes, o por su jingle. No hay quien no goce con las travesuras de Bart Simpson, aquel muchacho amarillo que hace de las suyas junto a su amigo Milhouse y puede desatar una guerra con una llamada telefónica. “Yo no fui, nadie me vio y no hay quien pueda demostrarlo” es su manera de pensar. Es seguidor acérrimo de los programas del payaso Krusty y siempre termina escribiendo en la pizarra lo que no debe hacer. Producciones japonesas de los setenta dieron a luz a ánimes cargados de drama, compasión y ternura. “Candy” fue uno de ellos. La niña huérfana abandonada en el Hogar de Pony, se cría junto a los demás niños del Hogar y posteriormente es adoptada por la familia Andrew. La eterna enamorada, vive travesuras y penas junto a su gracioso coatí Klin. Finalmente, ¿quién no ha pecado de masoquista viendo una y otra vez el capítulo en que Marco encuentra a su madre luego de una largísima travesía? Su solo jingle ya nos denota la desesperación de un niño que pierde a su madre tras la inmigración italiana hacia Argentina. Junto a su pequeño mono Amelio, este chiquitín dejo huella en nuestra infancia. Otras programas como “Heidi”, “Mi familia es un dibujo” y “Rugrats”; tuvieron también éxito al presentar niños como protagonistas.
Aquellos personajes de ficción, son a menudo rescatados de obras literarias. En la literatura, encontramos también cuentos en los cuales son los críos quienes nos entretienen a través de las páginas. Así encontramos a “El Principito”, obra de Antoine de Saint-Exupéry, en donde se tratan temas tan profundos como el sentido de la vida, la amistad y el amor. Otras obras de temática social son: “El tambor de hojalata” de Gunter Grass, drama que narra la vida de un joven infante que toca el bombo para combatir su desesperación y cólera durante el ascenso del tercer Reich; y “Un mundo para Julius” del peruano Alfredo Bryce Echenique, obra que presenta la historia de Julius, un niño perteneciente a una elitista familia limeña de clase alta y que lucha por entender los comportamientos de los mayores snob, mientras junto a su hermana Cinthia conviven con la servidumbre de su hogar y se encariña con ellos. Otras obras con tramas infantiles son: "País de Jauja" de Edgardo Rivera Martínez, "Los ríos profundos" de José María Arguedas, "Ximena de dos caminos" de Laura Riesco, "Bajo las ruedas" de Herman Hesse, "Oliver Twist" de Charles Dickens, "Las aventuras de Tom Sawyer" de Mark Tawwin, y algunos cuentos de Abraham Valdelomar.
Un libro que no juega con la ficción y aportó datos relevantes para la historia fue “El Diario de Anne Frank”. Esta niña judía alemana permaneció escondida de los nazis en un edificio de oficinas en Ámsterdam (Holanda) durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces empieza a escribir en un diario todo lo que su pequeña cabecita pensaba: su relación con las personas con las que estaba enclaustrada, sus miedos, sus sueños, los tratos de los alemanes, etc. Tras más de dos años de vivir encerrada junto a ocho personas más en aquella guarida, la Gestapo los encontró y trasladó a un campo de concentración en Auschwitz. Los miembros de la familia no tardarían en morir –incluida Anne que falleció de fiebre tifoidea- salvo su padre Otto, quien logró escaparse de los campos de concentración y mediante un amigo que le devolvió el diario de su hija, se encargaría posteriormente de editarlo y publicarlo.
Hay ocasiones en que pequeñas criaturas han sido víctimas de un lente, o de la prensa, y por sus historias han trascendido fronteras. Como el caso de Elián González, sobreviviente de un naufragio en el Estrecho de la Florida, cuando su madre –que falleció en el trágico episodio- trataba de sacarlo ilegalmente de Cuba para ser criado en otro país. Otro caso fue la pesadilla que vivió Omaria Sanchez, una niña de 13 años que tras la avalancha de Armero en Colombia, corrió por su vida y sin querer, fue a caer a una alcantarilla llena de materiales de construcción y cadáveres, pasando ahí las 60 últimas horas de su vida, ya que pese al esfuerzo de socorristas no encontraron manera de sacarla. Atrapada sin salida, la prensa pudo captar la más honesta mirada de resignación y ternura, antes de ser devorada por las aguas. Un suceso parecido y no menos espeluznante fue la foto ganadora de los premios Pulitzer al periodismo en 1994. Un fotógrafo profesional capturó en Sudán la famosa imagen de una niña famélica africana con nariz en el polvo y a su costado un buitre como si estuviera acechándola, como símbolo de la muerte. Años más tarde, habiendo sido premiado y reconocido, el fotógrafo se suicidó.
Lastima que se termine esta crónica con recuerdos tan crudos de la niñez, pero ni siquiera ellos pueden salvarse de las tragedias que alrededor del globo se viven. Ya quisiéramos todos que no fuera así. Mientras tanto gocemos de ellos, de los que nos divierten en la tele, de los que nos sacan canas en casa, quienes nos arrancan una sonrisa por la calle con cada ocurrencia, o del niño que llevamos dentro.

2 comentarios:
Lo leí en Día Treinta, Rachel!
Tantos bajitos con los que he crecido y cada uno es un recuerdo!
Me quedo con Candy White y su búsqueda del príncipe azul xD
Besos,
Andrea.
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