Cinco mil años de antigüedad y siempre se han dedicado a lo mismo. El tup o caballito de totora –como posteriormente lo llamaron los españoles- es tan viejo como el arte de surcar olas, y desde la época de las culturas Mochica y Chimú, su misión era recolectar cuantos peces podía cargar. Quién diría que nuestras primitivas balsillas de totora se dedicarían algún día a recoger también a avezados bañistas que tragando agua, no dejan de patalear pidiendo ayuda. Esta es la nueva labor encomendada a los antiguos pescadores de la playa, convertirse en guardianes de la bahía.Huanchaco, 10:30 AM. Uno pasea por la vereda y se topa con raspadilleros y muchos pareos al hombro. Desde hace algunos años Huanchaco no duerme, siempre hay alboroto en este pequeño lugar cosmopolita. Si se baja a la playa a partir de esta hora, cerca al muelle encontramos la fila de caballitos de totora esperando para darnos un paseito, pero además observamos entre ellos a uno en el suelo, distinguido por una pequeña bandera roja incrustada en la proa y a un hombre mayor y moreno, de chaleco fosforescente alistando su embarcación.
Él y otros cinco más pertenecen a la Asociación de Pescadores Artesanales de Huanchaco, agrupación que tiene más de veinticinco años y alberga a los marineros de la zona. Desde principios del presente año, la Municipalidad firmó un convenio con esta asociación para que seis de ellos inicien la labor de salvavidas en Huanchaco. Cada mes son cambiados por otros y trabajan de 9AM a 6PM aproximadamente. Repartidos de a tres en la parte posterior de la poza y desde el muelle hasta el boquerón, vigilan junto a sus naves cualquier indicio de socorro en las aguas. Según Julio Pereda Paredes, jefe de seguridad y defensa civil de Huanchaco, estos dos puntos son los más concurridos de la playa, sobretodo en esta época.
Su promedio de respuesta para el rescate es de cuatro a cinco minutos aproximadamente. Los caballitos portan en su interior un chaleco salvavidas para la víctima, quien puede sostenerse de él o, si es que sus condiciones se lo permiten, ponérselo; pasado un corto tiempo flotando (para tranquilizar), la persona es subida al caballito. Una de estas embarcaciones puede recoger hasta tres personas, aunque normalmente cada vez que ocurre un accidente así, los demás jinetes socorren al compañero. Para los pescadores, el pago por este trabajo les ayuda económicamente en una época en que la pesca es baja, y aseguran también que alguna vez salvaron vidas, la única diferencia es que ahora lo hacen oficialmente.
En días en que las olas suelen revolcar a los bañistas, dos de los tres caballitos ubicados por zona, se internan al mar y realizan la labor de patrullaje, mientras que uno se queda en la arena alertando a quienes osan en darse un chapuzón. Este trabajo de prevención los diferencia de los ocho salvavidas de la policía nacional repartidos por la playa, con quienes trabajan en conjunto desde hace unos meses. Pero esa no es la única desigualdad entre ellos. Por un lado, los pescadores conocen el mar y sus mañas desde la niñez, saben cortar las olas a su antojo y tienen una ventaja muy grande, cuentan con un vehículo. Esto les permite llegar más rápido a la víctima, gastar menos energía y rescatar a más personas.
Por otro lado, los salvavidas de la policía presentan estas carencias. Necesitan nadar el doble y rápido, cargar a alguien en ocasiones (aunque se ayudan con boyas y aletas); lo que los hace llegar exhaustos a la orilla. Sin embargo, cuentan con un mejor entrenamiento y grado de instrucción. Mientras que los pescadores han recibido charlas y algunas prácticas, el otro equipo ha sido entrenado dos meses y medio en esta especialidad. Ambos grupos tienen noción de primeros auxilios, pero como esa no es su profesión, los sábados y domingos son apoyados por un cuerpo médico. Los pescadores trabajan con la Dirección Regional de Salud y los salvavidas policías con la clínica Santa Ana y EsSalud. De lunes a viernes, de ocurrir alguna tragedia, la víctima es llevada a la posta más cercana.
En un inicio –comentan los pescadores- existía cierto recelo entre ellos, los de la policía se sentían incómodos por la “invasión” y peleaban por llevarse el premio del mejor rescate, o el de quién llegó primero. Pero al parecer esto es cosa del pasado. Ahora los mismos salvavidas de la policía aseguran que los caballitos les son de mucha ayuda al momento de sacar a las personas del mar, debido a las dificultades de la corriente.
Huanchaco, 06:00 PM. La tarde llega y el sol se convierte en una mancha en el azulado cielo; los vigilantes del mar se disponen a descansar. Por un mes su estilo de vida cambiará: extrañarán sus redes, arriesgarán sus vidas por desconocidos y desearán por primera vez no recoger ningún fruto del mar.

1 comentarios:
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