De pequeña siempre me fascinó ver los nidos que formaban las aves en los árboles de mi casa, y cada vez que me asomaba, escuchaba los chillidos de la madre de los polluelos y los de la mía, diciéndome que deje de atormentar a la pobre pajarita. Sin duda, mi mamá entendía la desesperación que el animal podría estar sintiendo al ver a sus pequeños en peligro. Mi lógica a los ocho años me hizo entender que ambas eran madres, pero ahora me pregunto, ¿qué tantas semejanzas pueden guardar nuestras madres con las otras?Para empezar, nosotras también somos animales y como tales guardamos costumbres de supervivencia. La alimentación es una de ellas. ¿Qué madre no se preocupa por dar de comer a sus hijos? En la mayoría de carnívoros, como los gatos, perros o leones, la madre sale a cazar dejando a sus indefensas crías escondidas. En otros casos, la naturaleza las ha ayudado. Por ejemplo, las hembras mamíferas, incluyéndonos, están provistas de mamas que segregan leche como alimento para sus crías, dado que la mayoría nace sin haber completado ciertas funciones del desarrollo. Los componentes varían según las necesidades de la especie. La diferencia entre ellas y nosotras, es que no tienen hijos caprichosos en la mesa.
Cuando se trata de proteger a los hijos, cada una sabe cómo mantenerlos seguros. En la época de reproducción, las aves necesitan un lugar seguro para poner sus huevos y criar a sus hijos. A diferencia de los reptiles, los huevos de estas son frágiles y presa fácil de depredadores, por lo que tienen que construir un nido protector. Con el pico y con una destreza única van juntando ramas, hierbas secas, telas de araña y hojas; que en casos como el del pájaro tejedor africano, su nido prácticamente es una pequeña fortaleza. En los peces, la mayoría depositan su freza y la abandonan a su suerte, pero algunas especies la protegen. Esta protección va desde un simple refugio de arena, hasta el nido de ramitas vegetales o de burbujas de aire.
En nuestro caso, nuestros brazos son su mejor guarida, y una bonita casa, claro. La ventaja que tienen las otras madres sobre nosotras, es la suerte de dormir al lado de sus hijos. La separación hace que estemos muy intranquilas y sintamos la necesidad innata de ver al hijo cada cierto tiempo. ¿Quién no se ha acercado a la cuna “para ver si respira”? Sabemos que está respirando y que nuestro marido se reirá por eso, pero no podemos evitarlo.
Por otro lado, la educación es un aspecto que ambas madres no descuidan. El lenguaje pedagógico binario del “sí” y “no” que los animales utilizan, es idóneo para la lógica de un bebé. La mente de ambos funciona en el ahora, y este principio es muy práctico para eso. Pero el lenguaje no queda limitado ahí. Las madres gatas por ejemplo, tienen un amplio rango de sonidos que les ayuda a comunicarse, educar y corregir a sus gatitos. El ronroneo usualmente indica placer o contento y se distingue fácilmente del aullido, reservado para los intrusos felinos o caninos; mientras que el maullido puede ser clasificado en varios sonidos, pero básicamente todos ellos expresan un deseo de atención.
Y nosotras, ¿cómo nos entendemos con nuestros hijos? Al hablarles, abrazarlos y acariciarlos les transmitimos señales que poco a poco van codificando. Además, les enseñamos pequeñas reglas para una disciplina temprana, como por ejemplo: acostumbrarlos a los horarios de lactancia y sueño, aprender a gatear, pararse, coger el biberón, etc. Crecer sin reglas, vuelve inseguro a cualquier animal. Las crías no nacen sabiendo, y lo aprendido puede mejorar con la práctica. La primera vez que un ciervo ve a un lobo debe salir corriendo, sino lo hace bien, morirá, de modo que tiene que hacerlo mejor. De igual manera, si un bebé quiere pararse por sí solo, primero tendrá que aprender a sostenerse, hasta encontrar su equilibrio y no caerse.
En ocasiones en que necesitan de algo, los hijos lloran para hacerse notar; por lo general cuando tienen hambre o sueño. Una cría de ganso por ejemplo, cuando siente a su madre lejos llora, aunque tenga agua y comida cerca, no come ni bebe hasta que sus padres vuelvan, o hasta la muerte. ¿Cómo reaccionaría un bebé cuando se le deja en la cuna? La respuesta es la misma, lloraría hasta quedarse ronco por tener a la madre cerca. En nuestra especie y en varias otras, lo normal es que los hijos estén continuamente en contacto con su madre.
Sin embargo, la naturaleza ha permitido que la permanencia de un hijo con su madre sea variable. Los mamíferos de gestación corta producen recién nacidos desnudos, ciegos y sordos, por lo que permanecen en el nido hasta que puedan alimentarse solos. Por ejemplo, la cría del mapache será independiente después de un año; la del lobo marino después de dos años, etc. La mayoría de animales sueltan a sus hijos cuando han alcanzado la madurez (tanto física como racional) mientras nosotros no lo hacemos hasta que cumplan los 18. Probablemente esto se deba a la inteligencia de los seres humanos; tienen que aprender más que ningún otro mamífero, y por lo tanto tienen que nacer sabiendo menos.
Todos los animales practicamos la maternidad a nuestra manera, con los recursos que tenemos y con una gran preocupación, demostramos querer a nuestros hijos más que a nada. Protegerlos es nuestra misión y sacrificaríamos todo por verlos crecer bien, ¿verdad? La sangre de todas las madres del reino animal lleva sentimiento, y eso es lo rescatable. Para todas las madres que leen esta crónica, y para las no humanas también, les deseo un feliz día.
(Versión sin editar publicada en Día30, Mayo 2007)

2 comentarios:
Rachel, me gusto mucho tu articulo cuando lo lei en la revista. Definitivamente, hay muchos parecidos entre las madres, gracias por mencionarlos :) Ya quiero leer el nuevo, jajaja. TQM.
Cada día national geographic me sorprende con una nueva maravilla de la naturaleza. El instinto de madre no es la excepción. Lastimosamente, la humana es la que más alteró el instinto, haciéndolo casi invisible. No obstante, a pesar del civilazado mundo en el que vivimos, yo estoy convencido que las madres tienen un sexto sentido que lo usan en sus hijos. Al menos la mia si, por desgracia.
Esperaré con ansias la siguiente edición de día 30, para ver que nuevos temas lograste atrapar.
Un fuerte abrazo desde la columna de El Balón!! jajajaa
Publicar un comentario en la entrada