20/03/2007

Memorias de dos reinas


56 mujeres son las que por más de medio centenario han representado a Trujillo. Desde hace años, el mes de septiembre se ha convertido en una agenda apretada de coronaciones, fiestas, visitas y un sin número de actividades propias del Festival de la Primavera. Pero si hacemos un paralelo entre los primeros festivales hasta los últimos, encontraremos que muchas cosas han cambiado. Para conocer más de cerca las particularidades de esta fiesta, decidimos contactarnos con dos ex reinas del Festival: Lía Iturri Cano (1977) y Ana María Mannucci Tapia (1980). Ambas vivieron una grata experiencia durante su reinado y creen que la misión de una reina es representar a la ciudad y al Festival.


“Lo que a mi me gustó fue el compartir y conocer, como vienen reinas de diferentes países del mundo, conoces a otras personas, sus culturas, sus costumbres, haces amistades y compartes un montón de experiencias bonitas”, afirma Ana María Mannucci. La confraternidad que se vive en este mes es única, y no sólo es propia entre reinas y bastoneras, sino en todos los trujillanos. El Festival es parte de nuestras vidas, lo compartimos y nos identifica. ¿Quién no ha gozado de pequeño viendo el Gran Corso pasar, o ahora yendo a peñas y coronaciones? En relación con este sentimiento, Lía Iturri nos cuenta: “Lo que más me emocionó fue la aceptación de la gente, la cantidad de personas que hay en el Corso; en todos los espectáculos todo estaba repleto. La alegría de los trujillanos, el cariño que le tienen al Festival y lo bien que reciben a las embajadoras de los demás países.”


Si bien tenemos la oportunidad, tanto durante este Festival como en el Concurso Nacional de Marinera, de enorgullecernos de lo nuestro y de aprovechar al máximo el turismo, ya que ambos son eventos tradicionales que acogen gran cantidad de visitantes a nuestra ciudad, no deberíamos descuidarnos de las actividades que estos realizan. Desafortunadamente, hemos sufrido una desmoralización estos últimos años en torno al aplaudido Corso; las expectativas de la gente ya no son las mismas y eso es algo preocupante. “Antes había más dinero y más compañías auspiciaban; y también más compañías participaban y se rajaban haciendo unos carros increíbles. Además es más corto ahora, creo que nuevamente lo están alargando un poco”, dice Ana María Mannucci, haciendo un paralelo con el Festival que ella vivió. El bajo presupuesto, el interés perdido y la falta de auspiciadores pueden ser las causas de este decaimiento; pero lo peor es que no vemos mejora alguna.


No sólo el Corso ha cambiado. Dentro de las tantas actividades que el Club de Leones programa, hace algunos años se realizaba el Festival de la Canción. Ambas reinas nos lo mencionaron y recordaron el fervor que éste traía a la ciudad. “Es una pena que ya no siga, era impresionante. El año que fui reina, Regina Alcover animó el Festival. Ricardo Montaner vino cuando aún no era conocido, vinieron varios conocidos que después se hicieron famosos. Era lindo, el coliseo estaba repleto”, dice Lía Iturri. Es una lástima que tal espectáculo haya sido descontinuado y que quede tan sólo en el recuerdo de algunos pocos.


Entre risas y miles de anécdotas, se puede descubrir el significado que resulta representar lo nuestro. No sólo es cumplir con un programa y sonreír al público, sino es transmitir aquel entusiasmo de fiesta y aquella amabilidad que nos caracteriza. Entregar a los visitantes algo de Trujillo, y saber que lo llevarán como un grato recuerdo, es algo gratificante. Por otro lado, convivir con nuestros ciudadanos, ofrecer actividades que involucren la cultura y la ayuda humanitaria, es sacarle un buen provecho al Festival. Sin duda, a lo largo de este tiempo hemos notado que la fiesta ha tenido sus altos y bajos en cuanto a organización se refiere, sin embargo, a pesar de los desalientos, los trujillanos aún conservamos y seguiremos manteniendo vivo ese espíritu eufórico de tradición.


(Versión sin editar de la publicación en Día30 - Set,2006)